cabecero4

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domingo, 15 de marzo de 2026

¿QUÉ HA SIDO DEL FEMINISMO?

 

El domingo pasado se celebraba el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, el principal hito anual del feminismo. En los albores de este año 2026, está más que constatado el decaimiento crónico del movimiento feminista español. El 8-M es un hito importante, pero cualquiera diría que lo que queda del feminismo en España, a día de hoy, son sólo diferentes tipos de hitos. Denuncias a famosos que surgen y se olvidan, crímenes machistas que salen en los telediarios…

No obstante, es innegable que han quedado cambios culturales y sociológicos más allá de lo puramente mediático. El nivel de concienciación respecto de las actitudes y prejuicios machistas ha sido notable en el seno de la sociedad española, muchos nos hemos cuestionado patrones machistas en ideas y conductas que antes percibíamos como normales y aceptables.

Eso es un sedimento que ha quedado en nuestra sociedad, una capa más de cambio en lo relativo al progreso social. Pero el movimiento ha cometido sus errores y, sobre todo, sus excesos. Es difícil que esto no pase ante una ola de cambio de tamaña magnitud, pero los excesos se han dado y se ha insistido en seguir cometiéndolos de manera sistemática.

Eso ha hecho que muchos hombres (y también mujeres) hayamos reaccionado en contra, al menos en los aspectos más polémicos. Dedicarse a llamar machista, “machirulo” o “señoro” a todo aquel que se saliera un mínimo de los dictados del feminismo no parece haber sido buena idea para prevenir esta “nueva ola reaccionaria” juvenil. El machista ya no es quien tiene conductas o ideas estrictamente machistas, es todo aquel que critique las ideas, eslóganes y leyes promovidas por Irene Montero. ¿Qué esperaban exactamente? ¿Que los insultos generarían adhesiones en vez de rechazo?

La ofensiva contra los valores asociados a lo masculino tampoco ha parecido funcionar. Cuando le preguntaron a Yolanda Díaz sobre quién creía que había sido el ganador de un debate entre Sánchez y Feijóo, respondió que la cuestión de ganar o perder era algo muy masculino… La disolución (deconstrucción) de “lo masculino” ha sido otro fracaso.

¿Pensaba el movimiento feminista que era también una buena idea soltar bulos sobre la supuesta inexistencia de denuncias falsas? ¿Que ese bulo no se iba a percibir como parte del afán de ciertos partidos de izquierdas por demoler el derecho a la presunción de inocencia de los hombres en caso de ser denunciados por una mujer? ¿Y lo de pensar que las mentiras y la estrategia discursiva del aplastamiento y cancelación del rival iban a mantenerse sólidamente sin contar con el poder represivo de una dictadura totalitaria? ¿Eso tampoco fue un error?

La cuestión del megabulo sobre la brecha salarial es también digna de estudio. De puertas para dentro, en Izquierda Unida se admitió oficialmente que no es que se pague menos a las mujeres “por el mismo trabajo”. Es falso que en las empresas haya “contratos para mujeres” con menor remuneración. Se aclaró, con buen criterio, que la brecha salarial es la diferencia entre la suma agregada de todos los salarios de los varones y la suma agregada de todos los salarios de las mujeres. Tú calculas y te sale que los varones, conjuntamente, cobramos más; pero por la diferencia en cuanto a los cargos que ocupamos, la experiencia acumulada, el hecho de que las mujeres tienden a reducirse la jornada más que los hombres debido a la crianza de sus hijos… Que ojo, sin duda es un síntoma a analizar, pero poca luz arrojaremos sobre el asunto si nos dedicamos a insistir en lo de reivindicar “mismo salario para mismo trabajo”, cosa que sigue haciendo IU en sus declaraciones públicas, y que sigue siendo un lema central del feminismo, de hecho lo fue en el 8-M de la semana pasada.

Es innegable que mucha gente hubiera reaccionado igualmente contra el feminismo porque hay personas profundamente machistas a las que jamás se podrá convencer. Pero que esto no nos ciegue a la hora de discernir los errores de los aciertos. Discernir es la clave de bóveda del pensamiento racional. Cada vez está menos de moda, pero hace falta recordar cómo discernir.

El feminismo, y las izquierdas en general, se han visto atrapadas en sus errores y sus excesos por un mecanismo lógico bastante estúpido, que es el siguiente: “si tanto nos critican, si tanto hacemos rabiar a la gente, es que estamos haciendo las cosas bien”. ¿No han pensado que recibir críticas feroces puede ser precisamente un síntoma de hacer las cosas muy, muy mal? Imaginemos que la izquierda propone una ley en la que las cerraduras de las puertas de las casas y de los portales quedan abolidas, y que cualquiera pueda entrar y quedarse en la casa que le apetezca. Un caso como esto desatará fortísimas críticas en la derecha y en toda la población, críticas nunca antes vistas. ¿Significaría esto que es la mejor medida política que se ha hecho? En base a la argumentación absurda a la que hago referencia, sin duda lo sería.

No obstante, volvamos a la cuestión de que el fenómeno del feminismo se ha reducido a hitos.

Hay hitos que siempre habrá, como las noticias relativas a crímenes machistas. Asesinan a una mujer, se confirma que es un caso de violencia de género, se muestra un breve corte del minuto de silencio de la concentración convocada a causa del asesinato y se acaba la noticia con el conteo anual de mujeres asesinadas. El problema es que este fenómeno es complicado, porque está constatado que es tremendamente difícil hacer bajar esas cifras anuales. La movilización o la concienciación poco podrán hacer para evitar que un malnacido asesine a su pareja o a su expareja. Aparte de que a España llegan personas que no han formado parte de un sistema educativo avanzado ni de una cultura que valore la vida o los derechos de las mujeres. Y si vienen al ritmo actual, que es muy rápido, más difícil será que se integren y asuman nuestra cultura, máxime cuando en muchos casos está presente el rigorismo islámico, el cual tiene una solidez tremenda en el seno de ciertas comunidades. No es de extrañar que, según datos del Instituto Nacional de Estadística, las personas procedentes de países islámicos estén sobrerrepresentadas entre quienes cometen delitos contra la libertad sexual (acoso sexual, violaciones…). No debemos generalizar y decir que todos son iguales, pero los números son los que son, por mucho que la izquierda siga instalada en el negacionismo.

Los delitos machistas se incrementarán más aún con la inmigración masiva y descontrolada, sobre todo la de origen islámico. Pero suponer que las izquierdas querrán poner remedio a esto último es una aporía. Su política son las fronteras abiertas y premiar con el derecho al voto a quienes atraviesan ilegalmente nuestras fronteras. La misma izquierda que vino a luchar contra el machismo está invitando a entrar de manera descontrolada a remesas de gente que proviene de culturas poco respetuosas con los derechos feministas que esa izquierda dice defender. Como les digas que mucha de la gente que viene es de la peor extrema derecha que hay, la de tradición islámica, prepárate para un cierre agresivo de la conversación.

Otro síntoma de la “hitización” del feminismo es la cuestión del “Me Too”. De cuando en cuando saltan a los medios acusaciones de acoso o abuso sexual por parte de algún que otro famoso. Pero la repercusión de esas noticias se va atenuando. De Rubiales pasamos a Errejón, lo de Adolfo Suárez pasó sin pena ni gloria y atrás quedó lo de Julio Iglesias, que ha denunciado a Yolanda Díaz y a algunos medios por difamación. Las denuncias anónimas son difíciles de vender incluso bajo el lema de “Hermana, yo sí te creo”, y a eso se suma la falta de pruebas en muchos casos.

Luego están los hitos periódicos que son simplemente lamentos ocasionales: los jóvenes están machistizados, tenemos mucho que perder, están volviendo patrones de conducta considerados extintos… Probablemente, cuando saquemos a Sánchez de su poltrona, no quedará ni eso, ni los lamentos, porque las cosas habrán cambiado en RTVE, o esta cadena ni existirá.

Un aspecto llamativo es que cada vez se habla más en medios de comunicación de situaciones de machismo de la España de hace 60 ó 70 años. Mujeres ancianas relatando el horror que vivían estando sometidas a sus maridos o siendo socialmente ninguneadas, entre otras formas de discriminación.

¿Por qué esta estrategia mediática, especialmente notable en RTVE? Se me ocurren varias razones:

-       1. Hay un vacío en lo relativo a la actualidad. Ya no se habla de esta u otra ley feminista, los casos de acoso sexual entre famosos suelen acabar en nada por lo mencionado más arriba… Se puede rellenar ese vacío con estas noticias.

2. Se quiere reforzar el cuento de terror de que Vox quiere volver al franquismo en lo relativo a los derechos de las mujeres. Es la caricatura de siempre, se piensan que los jóvenes de derechas son versiones en pequeñito de una mezcla entre Manuel Fraga y Millán Astray. “Podemos perder los derechos conquistados”. “No podemos dar nada por sentado”. Es una maniobra para asustar a la gente, lo máximo que hará Vox será volver a 2021 si consigue eliminar la Ley “Sólo Sí Es Sí” y la Ley “Trans”. Que, por cierto, si lo hiciera contaría con el apoyo de parte del movimiento feminista, las llamadas feministas radicales y abolicionistas.

3. Ya no hay nuevas ideas que calen en la población, mucha gente está cansada del discurso feminista. Fue una moda y esto es lo que pasa con las modas. Por otra parte, toda lucha colectiva debe basarse en la existencia de problemas graves que afecten al conjunto del país o del planeta. Digamos, en dar solución a los “grandes problemas”. Y, hablando de la gravedad de los problemas, las injusticias graves que se dan contra las mujeres suceden, sobre todo, en países de Oriente Próximo, Oriente Medio y el norte de África, injusticias que no se quieren criticar porque la izquierda feminista considera mayoritariamente que criticar el Islam es una forma de racismo. Aunque claro, ahora son situaciones que se dan aquí, lamentablemente. Y Podemos, por ejemplo, defiende que el uso del burka y el nikab sean legales en espacios públicos. ¿Qué ha sido del feminismo?


La “hitización” es el síntoma crónico de la pérdida de fuelle del movimiento feminista. Sin embargo, hay voces de regeneración, de autocrítica en el seno del feminismo español. Por ejemplo, el colectivo llamado “Feministas por la Justicia (FxJ)”. Quieren corregir algunos de los excesos de los que he hablado, como el ataque a la presunción de inocencia, y rescatar al feminismo de su deriva suicida. Quien quiera ver su cuenta de Instagram verá que las feministas que dan ahí su voz no son figuras precisamente marginales.

Por una cuestión de extensión, prefiero no mencionar la cuestión de la quiebra del movimiento feminista organizado, dividido entre las queer-transfeministas y las feministas radicales abolicionistas mencionadas más arriba. Quedará para otro artículo.