Esta fue la frase de Gabriel Rufián en el acto de esta semana enfocado a una nueva alianza de izquierdas. Dijo muchas más cosas que podríamos analizar, pero me centraré en la frase.
Cuando surge Podemos hay un
cambio de espíritu en la llamada “izquierda a la izquierda del PSOE”, a la que
me referiré desde ahora como IIP. Podemos hablaba de “no conformarse con un
10-15% de los votos”, en clara referencia a Izquierda Unida. Había que “tomar
el cielo por asalto” y “salir a ganar”. Eran los primeros tiempos de Pablo
Iglesias como figura pública. Tiempos también en los que ni Podemos ni IU
estaban por la labor de pactar con el PSOE a nivel estatal, al menos en sus
discursos. Eso era traición a los trabajadores, y así lo veía yo también cuando militaba en IU.
Ahora las cosas han cambiado, y
la IIP está agonizando, lleva más de un
lustro sangrando votos. Su estrategia de pactar con el PSOE, dejar que éste
incumpla los compromisos de corte obrerista de la coalición (poner techo a los
alquileres, derogar la Reforma Laboral y la Ley Mordaza…) y tolerar la corrupción de los socialistas son
aspectos que no han funcionado. Por no hablar de la desastrosa “Ley Sólo Sí Es
Sí” o la “Ley Trans”, que restan apoyo tanto o más que su discurso falsamente
antifascista, el cual es contraproducente y mucho más polarizador que el
llamado “discurso de odio” de las derechas. Insultar sistemáticamente a los trabajadores que se
salgan un mínimo del izquierdismo posmoderno no parece haber sido buena idea
para atraer a dichos trabajadores.
La solución rufianística y
yolandística a esta crisis electoral es, atentos, la misma línea fracasada de
los últimos 10 años: crear una marca blanca sin apenas contenido que sirva para
aglutinar a grupos de izquierda española, regionalista e independentista. El
llamado “paraguas común de la izquierda” fue útil en las municipales
madrileñas, pero no fue más allá. La máxima degeneración de esta estrategia fue
SUMAR, un chiringuito sin cohesión ideológica que servía para aglutinar el voto
y que las cúpulas de los partidos se repartieran diputados, cargos y dinero,
reparto que ha generado todo tipo de conflictos y viles puñaladas por la
espalda a nivel interno.
Gabriel Rufián admite la derrota con la
frase que da título a este artículo. Yolanda Díaz sigue diciendo una y otra vez que
“esto va de ganar el país”, pero Rufián ve mejor la realidad con su estrategia
de unificar el voto de la IIP al máximo para competir en escaños con Vox a
nivel provincial. Analiza mejor la realidad, pero lo triste es que el esquema
estratégico no cambia. La izquierda ha generado un gran rechazo tanto por sus
políticas como por su discurso, y lo que ha perdido de apoyo popular lo quiere
ganar con trucos aritméticos. Es como alguien que se ha preparado mal un examen
que es de tipo test pero quiere asegurarse el
5 con un cálculo matemático que tenga en cuenta las probabilidades de
acertar y los puntos que se pierden al fallar al responder. Que el anhelo sea
parar a Vox también es de traca. ¿Tan diferente es del PP, a la hora de la
verdad? ¿De verdad creen que van a seguir convenciendo a la gente de que Vox es
un partido nazi partidario del genocidio y la dictadura? ¿No han pensado que
con el discurso anti-Vox están invitando al votante de izquierdas a votar al
PSOE, que sería el clarísimo voto útil?
La solución no es ir al truco del
almendruco de las cifras electorales, es cambiar la estrategia política, volver
a conectar con la clase trabajadora y abandonar para siempre ideologías y
discursos posmodernos y suicidas. Eso como mínimo. Ya hay un partido, el Frente
Obrero, que encarna en cierto modo una rectificación seria de los errores
principales de la IIP. Es todavía minoritario, pero está creciendo y tiene
mucho potencial.
Lo lamentable es que el
rufianístico proyecto hace aguas desde el principio, nace muerto, como han
dicho algunos medios de comunicación. Podemos ya ha confirmado que no quiere
estar en esa hipotética alianza, Izquierda Unida no quiere nada con Esquerra… Y
ni siquiera Rufián cuenta con el respaldo claro de su propio partido. A ver qué
pasa con el acto de hoy para lanzar el proyecto llamado “Un Paso Al Frente”,
pero vamos, lo previsible es que Podemos se niegue, al menos de entrada. Cosa
que decidirá Pablo Iglesias independientemente de lo que opine la dirección de
Podemos, por cierto.
El espacio a la izquierda del
PSOE tiene el fracaso asegurado. Si hay militantes que conserven algo de
cordura combinada con un cierto espíritu asimoviano*, se pondrán a reflexionar y
a trabajar sobre la siguiente idea: ante la certeza de que la izquierda
alternativa va a colapsar y a volverse prácticamente marginal en poco tiempo,
lo más sensato será ir preparándose para la siguiente fase: el renacer a medio o largo plazo. Si salvan sus estructuras organizativas, cierto músculo
militante, su cohesión ideológica y un mínimo de recursos como para mantener
alguna que otra sede; podrán estar en una mejor posición para resurgir y
recuperar posiciones al cabo de 10 ó 15 años. Habrá a quien le parezca extraño
este planteamiento, pero IU, el partido con mayor solidez del espectro IIP, está
en riesgo de disolución. Y Podemos puede acabar como Ciudadanos, han sido superados en votos por el partido de Alvise en Aragón. La idea es conservar
y preparar el equipo necesario como para aguantar la travesía en el desierto
que les espera.
La prueba de fuego para evitar
sucumbir será su capacidad de hacer autocrítica, mermada tanto por la pérdida
de cuadros críticos (que es mi caso personal y el de muchos otros exmilitantes) como por la
acumulación de errores graves. Porque es más digerible admitir un error puntual
que reconocer que toda la estrategia de los últimos 15 años ha sido suicida en
lo político, en lo discursivo y, por encima de todo; en lo ideológico. Y es el
factor ideológico el cimiento y el motor de todo proyecto que aspire a
transformar la sociedad en un sentido progresista y revolucionario.
* Isaac Asimov fue un escritor de ciencia ficción que, en su brillante Trilogía de Fundación, plantea lo siguiente: un equipo de matemáticos diseña un método de predicción de la historia y llega a la conclusión de que el Imperio Galáctico sucumbirá poco a poco, descomponiéndose por tendencias históricas irrefrenables. Lo que deciden hacer es crear una fundación en la que conservar todo el conocimiento humano, una fundación instalada en un planeta oculto para poder sobrevivir al colapso de la civilización humana y servir, posteriormente, como base para su restauración.
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