El pasado domingo pudimos contemplar cómo Vox duplicó sus escaños en Aragón, y ha sido en poco más de dos años, lo cual resulta especialmente preocupante. La izquierda culpó por enésima vez al PP de ser responsable de este auge por un mecanismo basado en teorías sobre los “marcos discursivos” que han demostrado ser inoperantes en la práctica. También culpan a los bulos, pues hay gente de izquierdas, por desgracia, que es tan sectaria y está tan encerrada en su ideología que cree que sólo una persona profundamente manipulada puede votar a Vox. Son ellos los que están manipulados si creen que los bulos son lo único que infla a la nueva derecha.
Y lo que sucede es que, aunque el PSOE haga constantemente declaraciones en contra de la ultraderecha, son los socialistas y la izquierda en general quienes nutren muchísimo a Vox a todos los niveles. Voy a hablar de varias maneras en las que lo hace:
1. Mintiendo de manera sistemática: se sabe que, cuanto más mienten los gobernantes, más popularidad ganan las teorías de la conspiración. Esto, según la antropóloga Erika Fatland, tiene su base en que si los gobiernos mienten constantemente, aumenta la desconfianza de la población, lo cual hace que muchos traten de buscar “la verdad” en teorías conspirativas extrañas. La idea de que “algo nos están tratando de ocultar” es el primer paso para creerse ciertas teorías. Y sabemos que hace más de un siglo que los grupos de la derecha radical han coqueteado con ellas, desde las teorías decimonónicas sobre conspiraciones judías hasta la conspiración Qanon. El pensamiento “conspiracionista” es genuinamente derechista y potencialmente fascista. Y son los bulos del gobierno PSOE-Sumar los que más avivan el fuego, no los bulos sobre las vacunas que apenas tienen repercusión.
2. El interés por el discurso único: el PSOE quiere que su relato sea el único presente en la sociedad española. Acusando a los demás de mentir y propagar bulos (como si ellos no los soltaran prácticamente a diario), pretenden silenciar a la disidencia y acusar a los medios de comunicación opositores de ser “pseudomedios”. Controlando descaradamente RTVE, también nos demuestran ese interés en aplastar toda crítica. Este anhelo puede funcionar en una dictadura, pero es contraproducente en el seno de una democracia liberal, pues promueve el descontento y un temor a la imposición de un pensamiento único que constituya un relato falso. Esto, naturalmente, entronca con mi primer punto, pues toda gran mentira debe tapar las argumentaciones en su contra, al menos en el foro público. La extrema derecha gana apoyos como una voz (vox, en latín, no es casualidad) alternativa, por mucho que esa alternativa resulte indeseable. La izquierda cree que con su sectarismo va a acallar a la derecha, pero hace que esta derecha sociológica se vea soliviantada y reaccione en contra.
3. El mal uso de lo público: en el punto anterior hablé del uso que hace el gobierno de RTVE, un recurso público. También ha gestionado muy mal la sanidad y ha dilapidado el dinero en “observatorios” y chiringuitos que sólo sirven para colocar a sus fieles y a sus más allegados. Por no hablar de la crisis de los ferrocarriles. Los políticos han de ser responsables con cómo usan el dinero de los contribuyentes. Si lo usan para imponer sus ideas, para enchufar a la gente o para financiar majaderías, la consecuencia es que va a aumentar el número de personas que va a apoyar bajadas de impuestos. Es una indignación entendible, nadie quiere que se malgaste su propio dinero. El discurso liberal contra los impuestos se ha generalizado rápidamente en nuestro país, también gracias a youtubers recientemente empadronados en Andorra, dicho sea de paso. La gente de izquierdas tiene miedo de que la juventud se vuelva machista, franquista y hostil a la inmigración, pero a mí me inquieta mucho más la nueva hornada de jóvenes ultraliberales que se nos viene encima, dispuesta a acabar con el Estado del Bienestar con una motosierra como la de Javier Milei o Elon Musk. No se viene ningún fascismo, se viene la demolición de lo público, y los votantes saben que el PP baja los impuestos sólo de boquilla. ¿Quién tiene un programa de liberalismo económico radical? Vox. Tenemos un problema.
4. La ausencia de planificación en la cuestión migratoria: todos, a no ser que vivamos en una cueva, hemos oído la propuesta del PSOE y Podemos de regularizar a más de 500.000 inmigrantes ilegales sin apenas control ni filtro. Sabemos que los líderes de Podemos son negacionistas respecto del problema migratorio, pero la gente de a pie, en general, no lo es. Si se hubiera realizado una propuesta más razonable, haciendo cosas como analizar los casos con tiempo, viendo si entran islamistas radicales, si los inmigrantes están ocultando su verdadera identidad, manteniendo las órdenes de expulsión en vez de cancelarlas de manera arbitraria… La propuesta hubiera tenido mejor acogida. Pero no, se ha adoptado el estilo punk y se ha provocado una reacción feroz en contra, como es evidente. Así, PSOE y Podemos activan a potenciales votantes de Vox. El partido morado centra su discurso en “parar al fascismo” con una retórica épica-guerracivilista, pero siempre siembran miedo, el miedo que alimenta a Vox. ¿Alguien cree que van a parar a Abascal queriendo erosionar el principio de presunción de inocencia, fomentando las cirugías de cambio de sexo entre los niños y promoviendo la inmigración ilegal, masiva y descontrolada? ¿De verdad esa es la estrategia para quitarles votos?
5. El modelo asistencial del estado: “las ayudas”. Esto está relacionado con la cuestión migratoria, obviamente, y con el uso del dinero público mencionado en el punto nº3. El movimiento obrero europeo, desde hace décadas, ha luchado porque haya prestaciones que protejan a la clase trabajadora. Pensiones, prestación por desempleo, becas… Pero se trataba de ayudas otorgadas dentro de un marco de derechos y deberes: las pensiones y las prestaciones por desempleo se daban a gente que había trabajado, las becas a quien había demostrado ser un buen estudiante. Ese era el pacto social. Pero el modelo de ahora es la limosna pura, mantener a personas sin considerar si su aportación a la sociedad ha sido o va a ser positiva. “¿Qué timo es este?”, dirán los parados de larga duración si ven que se premia a quien no aporta nada, que delinque sistemáticamente o que ha atravesado nuestras fronteras de manera ilegal. El apoyo popular a las ayudas mengua si la prestación no es mínimamente merecida. Sara Wagenknecht, del partido de izquierda alemán BSW, dice que si el grueso de las ayudas sociales va destinado a inmigrantes, habrá una oposición popular a la existencia de la asistencia social como tal. Sociológicamente, tendemos a solidarizarnos más con los miembros de nuestras propias comunidades, de tal modo que las ayudas a inmigrantes se pueden llegar a percibir como un “trasvase” de dinero de una comunidad nacional a comunidades ajenas a la misma. Aunque pueda ser cierto que quien más necesite la asistencia económica sean los inmigrantes, por tener, en general, peor situación económica; eso no quita que el efecto psicológico de “trasvase” de dinero al exterior de la comunidad nacional autóctona exista en el seno de dicha comunidad. Es loable querer extender la solidaridad más allá de nuestros compatriotas, pero los buenos deseos y el moralismo en abstracto no solucionan problemas por sí mismos. Decía Lenin, con buen criterio, que hay que organizar la revolución pensando en cómo son los hombres del presente, y no como hacían los anarquistas, que partían de la base de que la humanidad era como ellos deseaban que fuera. Y el sentimiento de solidaridad internacional cosmopolita, antropológicamente hablando, tiene menos fuerza que el sentimiento de pertenencia y solidaridad nacional, nos guste o no. Hay que partir de la realidad, no de ensoñaciones. La cuestión migratoria no es sencilla y habría que tener “más cabeza y menos pureza” como decía Rufián con la boca pequeña refiriéndose a la pureza ideológica de la izquierda. Si hasta Rufián, un sectario, sabe que la izquierda debe pararse a pensar en el problema migratorio. Pero hay cierta izquierda que jamás admitirá los problemas derivados de la política de fronteras abiertas, y que seguirá diciendo que la sustitución étnica es una conspiración incluso cuando los españoles autóctonos seamos el 20% de la población de España y el Islam sea la religión dominante en el país. Yo no me creo teorías sobre planes secretos malévolos para la eliminación de la “raza blanca” de Europa, pero el proceso de sustitución demográfica en Europa es un hecho más que constatado a nivel estadístico y científico.
Sacaré punta a algunas de estas cuestiones en futuros artículos, desarrollando más la cuestión migratoria o hablando más a fondo de los errores de la izquierda alternativa española, de la cual provengo.
.jpg)